domingo, 18 de mayo de 2014

Érase una vez en India...


Curiosa la manera en que ignoramos, la mayoría de nuestros días en esta vida, la extraordinaria capacidad que tienen nuestros ojos de cambiar de lente; esa capacidad de pasar de ver la forma, a ver al fondo…
Por primera vez sentí la total incapacidad de ver todo lo que estaba frente mí. Por primera vez sentí que se desbordaban de mí, unas cataratas de energías y sentimientos cargados de fuerza abrupta.

Hoy puedo decir que cada paso que he dado en la vida, todos, absolutamente todos han tenido un rumbo, aunque generalmente dudé al darlos. Y que la movilidad que me caracteriza ha creado un sin fin de posibilidades que me incitan a seguir caminando.

Cuando la mayoría de las personas saben que fui a India vienen tres -casi obligadas- preguntas que contestaré porque quisiera o no me siguieron todo el viaje…

¿La pobreza es horrible?

Sí, hay una situación muy abrumadora en términos de pobreza. Pero lo abrumador sólo se debe a una cosa: la pobreza es evidente. En occidente, en latinoamerica, en México estamos acostumbrados a levantar muros ante lo incómodo político y socialmente. La pobreza es horrible en cada lugar en el que existe. No sólo es una situación económica sino también social, cultural, política y personal. Es necesario recordar que (al menos los mexicanos) vivimos en un país donde el 56% de la población vive en situación de pobreza, sólo que la notable diferencia con India es que aquí los ocultamos, excluimos y marginamos de tal forma que pareciera que la pobreza es un mito de las selvas. Claro que es abrumador caminar por las calles y encontrarse cada metro multitudes de niños vendedores de cualquier chuchería. Claro que es doloroso ver a las mujeres, ancianos, niños y discapacitados pidiendo limosna en una condición física sumamente vulnerable. Por supuesto que duele y frustra. Si, la pobreza es horrible. Me dolió tanto como me duele aquí, como me dolió en Perú, en Bolivia y como me dolió en Haití.
La pobreza es pobreza en todos lados y eso, siempre va a lastimar, incomodar. India es el segundo país más poblado del mundo, cosa que no vuelve nada fácil la situación económica y por lo que uno puede comprender en cada cara el momento en que se encuentra el país. Sin embargo, es necesario recordar que India no es pobreza, así como tampoco México es sombrero, ni Alemania nazis. Cuando uno es capaz de recordar cada instante que en India todo funciona de diferente manera, es capaz de entender porqué no oculta a la mayoría de su población que evidentemente vive en pobreza.

¿India huele feo?

Esta pregunta me enseñó que me puedo reír de enojo. Es muy simpático cómo nuestros mayores temores son tan insignificantes; unos les temen a las arañas, otros a las agujas, otros a las alturas y otros a los olores. La respuesta es no, India no huele feo. No huele a nada de lo que huele otro sitio, porque cada lugar tiene su propio olor.
India, para mí, huele a especias: cardomomo, masala, curry, azafrán, clavo. Con un toqué de humo de incienso entre “maderoso” y mágico. Sin olvidar el toque especial: tumultos. India huele a movimiento. Lo que estás oliendo ahorita, en 5 segundos es diferente, por la velocidad y cantidad tan grande de seres vivos andando por las calles. Sí, hay monos, vacas, camellos y elefantes que andan con la misma libertad que las personas pero no logras detectar sus olores individualmente porque son parte del todo.

La comida ¿Hace daño? ¿Es buena?

En esta respuesta la cosa si se pone difícil pues es casi obligatorio advertir que mi estómago está hecho de un material completamente diferente al de los demás. Desde siempre como lo que quiero, en la cantidad que deseo y casi nunca me enfermo (a excepción de aquella vez que comí unos tacos en un puesto blanco en donde la salsa cruda incluía tifoidea). Así que evidentemente a mi no me hizo nunca ni un poco de daño, muy por lo contrario reguló mis desordenes intestinales.
Después de la comida mexicana sin duda la comida hindú es mi favorita. Digamos que es una comida que por su tan completa y nada simple elaboración, cuando la llevas a la boca hace una explosión de sabores, de verdad. Es (como todo en India) sumamente diferente a lo que estamos acostumbrados. Las especias e ingredientes que usan, en las cantidades que las usan para nosotros es algo casi impensable. Pero como resultado tienen una de las cocinas más fascinantes y completas del mundo.

El 33% de la población india es vegetariana así que su cocina incluye en su mayoría platillos vegetarianos con ingredientes principales como: papa, calabaza y queso. Esto hace mucho más fácil la estancia para algunos extranjeros que no gustan de probar nuevos animales. Aunque el compañero fiel es el pollo, en menor cantidad el pescado y casi nunca el marisco. Al menos en la parte centro-norte en la que estuve. Todos los platillos salados se comen con un roti que es una especie de “tortilla” india (que luce más como un pan árabe) elaborada a base de harina, agua y sal; se sirve siempre recién horneada o dorada. Así que bueno, para mí fue un deleite la comida, los postres y sus deliciosos tés.

Capítulo I. Las primeras impresiones son importantes.


India tiene el aeropuerto más grande y bonito que conozco (aun más que el de Münich que hasta camitas tiene)
“La llegada a India siempre es un experiencia única” fueron las palabras del primer oficial con el que hable antes de salir del aeropuerto. Antes de pasar el último cubículo de aduana, se debe bajar por unas escaleras eléctricas que te llevan a una pared con al menos 10 mudras gigantes, que son las posturas sagradas del budismo que se realizan con las manos. Eso, me reafrimó que ya había llegado.

Lo primero que provoca terremotos internos, es el movimiento de India. Las calles están llenas desde que sale el sol hasta la madrugada. Pensaba que Haití tenía el movimiento vial más grande hasta que llegué a India. La gente habita en sus calles como en ningún otro país que conozca; las banquetas que vi las puedo contar con los dedos las manos y de las que vi ninguna estaba siendo usada por las hordas de peatones; así funcionan las cosas: se camina en la calle junto al auto, la moto, la bici y la vaca. Aunque es preciso decir que tienen una especie de separación en algunas avenidas (que aunque no es como tal una banqueta que se caracteriza de un escalón elevado sobre la calle) sí marca un ligero límite entre peatones y transportes.

La gente cruza las calles como nosotros llamaríamos “A la viva México” pero versión extrema remasterizada. No hay necesidad de ir hasta la esquina para hacerlo pero lo más increíble es que ¡tampoco hay necesidad de esperar a que frenen los autos! Es tan divertido como angustiante.
Uno, acostumbrado a conocer las reglas del conductor y del peatón, así como de a poco generar una cultura vial… en India se va al carajo y tiene de dos opciones: o se frustra, o lo disfruta. No hay más, todo el tiempo es así, te vas acostumbrando. Con el paso de los días ya no piensas todo el tiempo lo “salvajes” que son. Comienzas, (quizá en una experiencia solamente personal) a respetar sin juzgar y a ver sin rezar.

Algo que siempre genera un latido acelerado es el constante encuentro natural con cualquier especie animal. Me encanta. Perros, monos, vacas, camellos, elefantes, insectos de colores espectaculares…  Todos, libres, conviviendo. La gente no teme ni se sorprende, son parte de ellos. Los animales no lastiman ni estorban, son parte del todo. Caminar entonces se vuelve una experiencia de otro mundo.

La forma de manejar que tienen los indios es, quizá, el deporte más extremo que he practicado. Cuando se enciende el auto ya no se detiene de ninguna forma hasta llegar al destino final, o al menos eso es lo que intentan. Los pocos semáforos que hay, creo que son para iluminar las calles porque sólo en Jaipur vi que se frenaran con la luz roja. No importa si alguien va de reversa, sólo lo esquivan. No importa que una vaca esté en medio del camino, sólo la esquivan. No importa que una persona o una familia esté cruzando la calle, sólo la esquivan. Camiones, autobuses, automóviles, motocicletas, carretas y bicicletas por igual, acelerando como si el pie no se pudiese despegar, moviendo el volante con la agilidad de una rata. Pero en dado caso que sea imprescindible frenar, se hace de golpe. Nada de respetar al menos 2 metros de distancia. Se mete un pisotón al freno y de una estás en alto total y metido casi en la cajuela del de adelante. A una amiga un conductor de Ricshaw le dijo que en India se necesitaban sólo dos cosas para manejar: “Buenos frenos y buena suerte”.

 Y bueno, una peculiaridad de las calles que de una u otra manera es un recordatorio (por si a alguien se le puede olvidar) de que está -andando- en India son los excesivos pitidos o claxons, pues. Cuando ya no crees que pueda haber algo que de más movimiento, más diferencia, más intensidad a las calles te encuentras envuelto en un sonido agobiante y constante. Viene de todas partes, en todas las velocidades y tonalidades. Todos tocan el claxon, todo el tiempo. Todo el tiempo. Todo el tiempo…

Un occidental promedio, usa el claxon cuando algún #¡/&?$ está violando alguna regla vial que aunque no esté escrita, es implícita; y es necesario hacérselo ver. Cual esposa le recrimina a su marido el beso de labial rojo en su camisa: enojada y frustrada.

Lo fascinante de ésta obsesiva costumbre (en India) es que cuando ves las caras de los conductores no son de molestia, incluso la mayoría de las veces se sonríen o bromean con el que casi deja sordo; otras veces simplemente pareciera que nadie hizo semejante sonido. Nadie se molesta por esto, nadie le recrimina a nadie, nadie se tapa los oídos ni mucho menos se aturde o confunde al caminar. Las vacas, que generalmente están a media avenida paradas literalmente viendo pasar la vida, ni se inmutan, de verdad. Quizá esta costumbre ruidosa y exagerada fue la única a la que nunca me adapté del todo, sin embargo conforme pasaban los días dejaba de observarlos tanto y comencé (extrañamente) a confiar que todo saldría bien aunque uno de esos días perdiera la audición.

Capítulo II. India se vive con todos los sentidos.


Una vez que uno, no sólo observó, sino que se adentró en el movimiento de India. Que se dio cuenta que no estaba tan sordo o tan ciego para reaccionar en las calles. Pasa a estar un poco menos ansioso del movimiento espiral en el que se vive. Y comienza entonces a disfrutar (por si antes no lo había hecho).

Si me preguntaran en dónde considero que nacieron los colores respondería de inmediato que en India. Todo es color, todo el tiempo. Allá los colores no descansan. Porque incluso el negro de las burkas musulmanas complementa la paleta.
Las miles y diferentes telas, materiales, bordados, son verdaderamente alucinantes. Ahora que cuando éstas son usadas por esas mujeres bellísimas; en su mayoría morenas, delgadas y muy femeninas, lucen doblemente mejor.

La vestimenta típica y más usada por las mujeres se llama sari y es literalmente una tela envoltoria que se convierte en un extraordinario vestido es la fiel representación de que en India nada es sencillo pero todo en potencia es hermoso. Ninguno es igual a otro, al menos no encontré uno que lo fuera.

Los paisajes son con todo y todo una experiencia única. Los tumultos, los colores, los caminos mal pavimentados, los campos de trigo, los palacios, las fachadas descuidadas, los miles de cables enredados conectados a un poste, los tuc tucs, el tren, los mercados; dan un cuadro diferente cada vez. India es contraste, lo tienes que recordar para disminuir la ansiedad de no entender qué pasa o por qué es como es. Sin embargo, los paisajes te dan un encuadre completamente diferente del mundo no te queda más que disfrutarlo, así nomás, sin entenderlo del todo, disfrutarlo.

Los sabores son muestra clave de un país, de una cultura. Los sabores de India son únicos, especiales, diferentes. Te recuerdan que siempre puedes abrirte a nuevas cosas, te recuerdan que atreverte a sentir es parte fundamental de la vida, de tener un corazón latente.
Los olores, como antes mencioné, son mezclas efímeras de movimiento, de vida. Te permiten poner a prueba tus conocimientos para detectar qué es que.

La música es por mucho el potenciador de emociones, catalizador de magia. Con el sitar (guitarra hindú) y la flauta al mando, la música hindú te lleva por paisajes que nunca has visto y que quizá jamás veas: paisajes que se sienten, paisajes internos. Profunda, alegre, fuerte, mágica; la música retrata a la perfección a todo un país. Las caras, la forma de ser, la cultura, la espiritualidad, los estilos de vida, los contrastes, lo duro, lo especial, lo único. Hay cientos de tipos de música y todos son guiones sentimentales de historias impensables. Historias que se sientes y ya.

Las manos sudorosas y el corazón latiendo son grandes compañeros de viaje en India. No como señal de miedo o precaución, sino como señal de una presencia absoluta del cuerpo. India brinda una reconexión total de mente y cuerpo. Sentir por dentro y por fuera es un proceso que se da de forma natural y que permite una experiencia profunda en aquella tierra de fuerza energética.

Capítulo III. Todos somos Dios.


Cada viajero, cada turista tiene su motivo de conocer India. Motivos que van desde tachar un país más en la lista de viajes pendientes hasta una búsqueda personal del ser. Mi motivo siempre fue uno: acercarme a la vida espiritual que llevan.

Vengo de un país que fue aplastado por un proceso de conquista arrebatado, cruel y arrasador. En donde todo lo que se había construido política, económica, religiosa y culturalmente antes de la conquista fue meticulosamente destruido, desplazado. Un país que aprendió de cero una nueva forma de vida, de relacionarse,  una nueva cosmovisión. Que no lo quedó de otra más que adoptar costumbres y creencias en un intento conservador de vida.
Entonces mi país al alinearse como otros cientos de países a un orden social, a un estilo de vida, a un credo; deja a algunos pocos (como sucedió conmigo) a la orilla del camino en donde se convierten en infieles de la herencia que sólo a través de la duda, la crítica, el escepticismo es que construyen su forma de vida y en donde nacen las ganas de  ampliar la forma de ver el mundo y de fragmentar las estructuras para aclarar constantemente ante uno y ante el otro el pensamiento.

La espiritualidad en India, no tiene precedentes. Nada se asemeja, nadie externo lo logra comprender. Es algo que no se entiende por más que se estudia, es una cuestión del ser mismo. De sentirlo, de convertirlo en forma de vida más que una religión que reglamenta el día con día.

El hinduismo no es como tal una religión pues una religión tiene como característica una serie de normas o mandamientos a seguir pero sobretodo un donde existe un ser supremo del que todo viene. Uno se puede convertir al catolicismo, al judaísmo, al cristianismo pero no al hinduismo. El hindú nace, no se hace. Son años y años los que convierten a alguien hindú. Porque finalmente el hindusimo es una forma de vida, está en cada una de las acciones y todo gira en torno a él.

Encontramos como pilar fundamental del hinduismo al karma que es aquella energía que se deriva de cada acto. Es decir, el karma es una “ley” cósmica de retribución, condiciona cada acto a modo de causa efecto. Haces daño, se te va a regresar. No dañas, se te va regresar. El karma es una forma profunda que no puede ser explicado del todo porque se comprende cuando uno se ve como parte del todo. Cada movimiento, mueve al universo. Cada acto, actúa por el universo y permanece en él.  Por eso, las acciones de tus vidas pasadas las cosecharas en esta y en tus vidas futuras. Al karma se le encuentra en el pasado, en el presente y en futuro. Quizá por criticar a la amiga de mí amiga el karma me sorprenda cayéndome enfrente de ella, o quizá me sorprenda en otra vida. Pero siempre me sorprenderá. Más que por venganza cósmica, por conciencia de ser.

Para muchos (en su mayoría occidentales) el karma es una forma conformista de ver las cosas.Sin embargo, el karma no es más que nuestro tan apreciado refrán “no hagas las cosas que no quieres que te hagan”. Esta ley universal, da luz en cada camino pues si naciste como paria sabes que tienes tus acciones de esta vida para resarcir las de las vidas pasadas y para que en la vida futura puedas tener una vida construida de tus acciones.

Parte fundamental del orientalismo, que es aquella teoría que habla acerca de los juicios que tiene occidente sobre oriente, se crea en la espiritualidad de oriente. Para occidente resulta imposible tener fe en una mujer con 6 brazos, en un hombre con cabeza de elefante, en un mono o en un árbol. Porque nuestro discurso se encuentra enraízado en una religión monoteísta que ha logrado que las metáforas y los simbolismos de ésta sean tomados como verdaderos hechos sin ser cuestionados ni comprendidos a profundidad.

En India existen más de 3 millones de Dioses. En India el discurso es uno: Todo es Dios. La luna, la tierra, el fuego, la mujer, el hombre, la vaca, el perro, un río, un árbol, una piedra, un pensamiento, Cristo, Alá, Shiva: todo viene de Dios por lo que en potencia es Dios. Entonces puedes rendirle culto a todo, porque sí, todo es Dios.

Entonces cuando ves un árbol adornado y con gente alrededor, o un templo donde el centro es un mono, o aquellas figuras con cabezas de animales, o las que tienen tez color azul, o aquel río enorme que abraza a los muertos y que cumple deseos sabes que ahí está Dios.
Sabes que está Dios en los santones que dedican su vida la espiritualidad y son alimentados por la gente pues no tienen ningún arraigo material. Sabes que Dios está en la libertad de los animales (en India no se acostumbra tener mascotas). Sabes que Dios está en cada sonrisa inocente y en cada mirada profunda. Sabes que Dios está en el milagro del amanecer y en la bendición del atardecer.

Cuando uno entiende la profundidad del discurso espiritual en India, todo cambia. Si todo es en potencia Dios… Yo también soy Dios. Ahí, todo se fragmenta. Hay un silencio del ser. Empieza un proceso de desapego que ni uno logra asimilar, proceso en constante transmutación que reactiva -la herencia de vida- de otro modo y aprende a conservarla.

Capítulo IV.  Deconstrucción del todo.


Cuando te haces consciente conoces por fin la dimensión sublime de la vida.
Después de sentir la energía espiritual que emana India hay una transformación que por más que trate de explicar me quedaré corta.  Los silencios se hacen más presentes pues comprendes que es en el silencio en dónde se reafirma cada pensamiento, cada cambio. Viene una apertura que te permite una reinterpretación del mundo. Y en esa apertura ya no hay prejuicios ni tampoco ídolos, sólo hay flujo natural de vida.

Los silencios, la apertura, la reinterpretación, la conciencia permite escuchar y al escuchar uno logra tocar, es decir vuelven palpable aquel posible lazo con el otro. Acortan esa distancia cultural y geográfica.

Y así de a poco logras dejar vivir al otro, sin juicios, sin lástima. Aprendes también a saber dejar, es decir, a soltar aquello que ya no puedes/quieres conservar. Logras u desapego a todo aquello a lo que estabas arraigado. Adoptas la imposibilidad como camino pues sabes que sólo en la imposibilidad hay un camino continuo que te permitirá seguir caminando. Para terminar en aquello que solidifica la vida, que te hace ser: hermanarte con el otro.

Todo esto es personal, sé que no todos los que visitan India unos cuantos días experimentan lo que yo he tratado de compartir. Sin embargo, lo que sucedió en mi es real. Quizá tantos años de ser fiel a un paradigma (el occidental) me llevó a serle infiel tan gozosamente (cosmovisión hindú) para hoy, entender mi herencia cultural y mi papel en esta vida de forma holística.

Capitulo V. Nostalgia


Al volver de India, uno se siente como cuando recuerda la casa en que creció, es una sensación alegre y triste a la vez. Alegre porque en ese sitio vivió una de las mejores etapas de su vida y triste porque ya no vive ahí.

Quizá sólo en la nostalgia encuentra refugio el cúmulo de recuerdos y sensaciones que India permite experimentar.

Sin embargo, los cambios, las rupturas estructurales, la nueva forma de ver el mundo vive en el día a día. En cada acto, en cada sentimiento, en cada pensamiento. Uno pasa por proceso tan duro y fuerte que cuando regresa es capaz de ponerlo en práctica. Pues en aquel viaje que es más mental que otra cosa se pierde el miedo a la diferencia así como las estructuras mentales fijas.

Vivimos en un lado del mundo que presenta formas de vida únicas, corrales mentales, caminos seguros. Es por esto que para disfrutar India uno debe desarraigarse, serle infiel a lo conocido, permitirse pensar el mundo sin juicios pero sobretodo abrirse en cuerpo, mente y alma a la diferencia, a la imposibilidad.
Y es así, sólo escuchando es como uno aprende a hablar. Sólo abriéndose es como uno aprende a abrazar. Sólo caminando es cómo uno aprende a volar…

Ana Valeria Fernández y Rojas
India 2014